Estaba disfrutando mi viernes libre junto a cris, veíamos una película de amor que encontramos en la televisión. Estaba oscureciendo y los chicos habían ido a pasear un rato, lo que para mí era la oportunidad de tener más intimidad con Cristian, podíamos ser abiertamente cariñosos sin incomodar al resto y todo lo que se pudiera desprender de ahí.
Un fuerte portazo se escuchó, de seguro era ese viejo con cara de culo que se niega a ser agradable conmigo. Los pasos retumbaban fuerte por los pasillos hasta que sentimos un corto grito y unos golpes fuertes.
—Iré a ver qué pasó—Dijo Cristian levantándose del sofá, dejó un pequeño beso en mi frente para salir hacia el pasillo, yo me quedé en la entrada de nuestro departamento esperando.
La pequeña distancia seguía siendo suficiente para que yo pueda oír que se trataba del señor Han, al final del pasillo apareció Cristian ayudando al anciano a subir los últimos peldaños. Lo llevó a nuestro departamento y lo sentó en el sofá, yo me limité a ver como Cristian le arreglaba el pie torcido.
—Va a necesitar un médico, esto lo ayudará con el dolor, pero no sabemos si es algo peor—Sentenció cris, dispuesto a acompañarlo al hospital.
El viejo arrugó la nariz en desagrado, se mantenía callado y pensando, ni porque lo intentaban ayudar era capaz de sacar esa expresión de mierda y agradecer, después de todo quedaría en deuda conmigo, arruinó mis planes.
—No tengo dinero para pagar—Soltó las palabras como si estuviera escupiendo arena seca, con asco y dificultad.
—Podemos ayudarlo con eso—Respondió Cristian sin siquiera mirarme, sabía que no estaría de acuerdo, y si el viejo tenía modales lo rechazaría, pero no, lo aceptó y se fueron al hospital más cercano para que le revisaran correctamente.
Me quedé solo en el departamento, la cita romántica se había esfumado y ahora solo estaba yo lamentándome por culpa de un viejo que me detesta por ser “demasiado extrovertido” para su gusto, a.k.a. “es demasiado evidente lo gay que eres”. Eso y las veces que me escuchó maldecir, las veces en las que había un conflicto entre vecinos y Cris debía calmarme para que mi temperamento no explotara en cada reunión. Era demasiado “boca floja” para su gusto.
No quise esperar a que volvieran, pero la llegada de todos se hizo imposible de ignorar, me levanté para ir a saludarlos y ver si me habían comprado algo por ahí.
—Bueno...—Habló Cristian poniéndose de pie— El señor Han está pasando por una difícil situación económica.
—Como todos—Respondí al llegar al extremo contrario de la mesa donde todos se reunían. Cris sonrió negando con la cabeza, ya sabe de mis aprensiones respecto del viejo.
—Sí, como todos, el asunto es que el señor Han tuvo un problema con la ludopatía de su difunta esposa y me pareció un buen elemento para unir al plan— Hizo una pausa— Plan que aún no tenemos.
—Yo tengo una idea— Felipe alzó la mano pidiendo la palabra como un niño pequeño— El dinero no se ganará en una simple mesa de apuestas, necesitamos más que eso, necesitamos incentivar las apuestas, para eso necesitaremos a Roberto y Santiago, ustedes tienen que ser teatrales, llamen la atención de la gente que apuesta en mesas cercanas, a esto deberíamos agregar a Pedro y Muriel...
—Hablaré con ellos, no creo que les importe ganar un pequeño monto extra a sus salarios.
—Bueno—Continuó Felipe— en la mesa estaré jugando junto al desconocido señor Han que actuará como ludópata solitario, además estará pendiente de la seguridad, cuando las apuestas se ponen grandes, a veces sospechan, mediante un gesto nos avisará para cerrar el juego. Samuel será mi acompañante, dramático, que este medio bebido, llamará la atención desde la mesa y su sorpresa será genuina al ganar. Por último, estás tú y Cristian, serán una pareja feliz que por casualidad deciden pasar el rato apostando a los jugadores, cris manejará el dinero, pero tú debes estar pendiente a la señal de si pierdo o gano, lo mismo con el señor Han, algo como el otro día.
Felipe era brillante, detrás de esa apariencia de hada del bosque angelical, había un cerebro privilegiado que me encantaría besar en este momento. El plan era bueno, todo dependía de lo bien que actuáramos, no dejaba de pensar que lo que había sucedido era la antesala de un éxito infalible.
Esa misma noche hablé con Muriel y Pedro, me costó convencerlos, pero en cuanto mencioné la posibilidad de ganar algo extra, la moral de cualquiera se cae. Ambos aceptaron ser parte del complot.
Esa noche, cuando iba a cerrar mis ojos para dormir, mi familia apareció nuevamente en mi mente, ¿Qué pensarían de hacer algo como esto? De seguro lo aborrecerían, ovejas demasiado “bien portadas”, no estarían de acuerdo, aunque les explicara que esa gente solo juega a perder dinero que no necesita, ellos están arriba de nosotros con sus millones apostando el dinero que le cambiaría la vida a más de una persona. Mientras yo trabajo en un bar para sostener mi existencia, mientras trato de enseñar danza, mientras intento cumplir mi sueño inalcanzable. Ellos están sobre las mesas de paño verde contando sus billetes para lanzar unas cuantas fichas al centro, ahí va mi sueño y el de muchos más como si fueran basura que molesta en los bolsillos. ¿Qué tenía de malo ayudarles a deshacerse de lo que no quieren? Yo solo voy a recuperar nuestros sueños desde la basura de alguien más.



