Caminamos por la ciudad viéndola amanecer, el viento gélido te cortaba la piel del rostro, aunque la primavera estaba comenzando. Conversamos un poco para conocernos y resultó ser un chico agradable a pesar de que todavía podía ser un asesino, uno simpático y guapo. Sinceramente deseaba que solo fuera una broma y la vida me estuviera sonriendo por primera vez en un largo tiempo.
Llegamos a un edificio viejo que de todas formas se veía en buen estado, subimos al último piso donde nos encontramos con un anciano asiático con cara de pocos amigos, Cristian lo saludó como “señor Han”, le sonrió como lo hace con todo el mundo y el anciano solo asintió. Cris parece ser un chico sociable, extrovertido y amable, algo que en otro momento me habría colmado la paciencia, pero supongo que puedo corromperlo.
Pude tomar una ducha y dejar mis maletas en la habitación de cris, por ahora tendríamos que compartirla, al menos para dormir, las otras dos habitaciones estaban desiertas así que no tendría cama hasta que me paguen. Lo bueno de tener que dormir con Cristian era el no tener que extrañar la calidez de un cuerpo por las noches, el bastardo de mi pareja anterior podría haber sido un imbécil, pero al menos hacía buena compañía.
Aún estaba un poco adolorido por la golpiza, pero podía notar el efecto adormecedor del medicamento tópico que me dio el médico para los moretones gigantes que tendría en las costillas y la cara, tendría historias para contarle a Pedro cuando volviera. Dejé que el agua caliente de la ducha de cris (ahora ¿mía también?), se llevara la mugre y los pensamientos, si seguía así comenzaría a recordar buenos momentos y probablemente acabe llorando.
Me concentré en el presente, el agua bajando por mi cuerpo, calentándome después del frío de la mañana en la intemperie, el sonido de las gotas estrellándose en el suelo y, de pronto, el rostro de cris atravesó mi mente, la sonrisa tonta que adorna su cara de manera casi permanente, su cuerpo evidentemente bien definido se podía apreciar por la polera ceñida que llevaba esa noche. Repasé su imagen en mi memoria hasta que la ducha fue suficiente, cuando me miré al espejo para cepillarme los dientes vi la sonrisa de idiota que llevaba en el rostro.
—¡Estúpido! —Suspiré, ¿puedo dejar de interesarme románticamente por quien sea que me de un poco de atención y amabilidad?
Salí del baño molesto, entonces cris apareció con un gesto asustado y una toalla en el hombro.
—¡Gracias! —Dije más molesto, pasé junto a él y entré a su cuarto para ponerme pijama.
Me recosté sin importarme el cabello húmedo, necesitaba dormir y dejar todo este día atrás, fingí dormir mirando hacia la orilla de la cama, luego me volteé hacia la pared, hacia arriba y hacia la pared, no podría dormir hasta que él se recostara. Pretendía dormir de espaldas a la puerta mirando por la ventana cuando cris entró y se recostó junto a mí, entonces pude cerrar los ojos de verdad.
Estaba demasiado consciente de mi respiración, me molestaba, estaba relajado, pero podía sentir como el aire se volvía pesado desde que bajaba y llegaba a mi pecho, electrificado, una corriente que me causa escalofríos constantes, me permito voltear deseando que la causa de ese espeso mar que me hunde sea él. No puedo evitar sonreír cuando nuestros ojos se encuentran, el brillo de la mañana primaveral se cuela por su ventana e ilumina el contorno de su rostro, me permito repasar sus rasgos: los ojos brillantes que buscan en mi rostro, los labios rojos en anticipación. Siento la urgencia de cortar la distancia y acabar con esta sensación pesada, pero no logro dar el primer paso.
Llevo mi mano hasta su rostro y delineo el contorno iluminado con el tacto, entonces él se acerca y une nuestros labios. Me dejo llevar entre sus brazos, seguro de mí mismo y de él, me dejo llevar hasta que las ropas se deslizan por mi cuerpo exponiéndome ante sus ojos, a su merced, me entrego completamente al deseo que nubla mi mente. Sus manos pasean por mi piel recorriendo un terreno desierto de amor y lleno de lujuria. Si dejarlo entrar era un pecado, estaba dispuesto a arder en el infierno. Expectante, emocionado, demasiado sensible, lo recibo con gusto y me permito vociferar lo mucho que deseo arder con él hasta consumirnos en el averno.
No sé a dónde voy con todo esto, pero sé de dónde vengo y este infierno sabe al cielo, tanto que todo estalla en mi interior, el regalo del placer que extrañaba sin saberlo me consume y me dejo caer boca abajo sobre la cama con las piernas temblando.
—¿Te molesta si fumo? —Esa palabra me devuelve a la vida y me giro con la ayuda de mis manos. Está desnudo buscando entre sus cosas.
—No, si compartes— Se voltea sonriente con el premio en las manos.
Se estira por sobre mi cuerpo y abre un poco la ventana, la brisa me eriza la piel, pero solo pienso en el placer y el regalo del cigarro después del buen sexo.
Ahora estábamos ahí, fumando sin decir una palabra y yo solo recordaba como todo comenzó como la mierda para ser la maravilla que era este segundo de paz. Entonces cerré los ojos un momento para poder visualizar el lugar: una playa caribeña afuera de la ventana, la brisa soplando, un cuarto blanco lujoso, una cama cómoda con sabanas suaves, sin preocupaciones, solo yo disfrutando del momento sin nada que resolver, sin tener que preocuparme por sobrevivir un segundo más, una vida con todas las opciones a la mano, la verdadera libertad, completamente satisfecho. Salir del cuarto y dar solo un par de pasos hasta mi estudio donde pueda bailar hasta que mis músculos no den más, poder tomar un baño relajante y dejar que las horas se deslicen hacia la nada sin sentirlo. No deberle a nadie.
—No deberías dormirte con el cigarro prendido—Sus palabras me sacaron del sueño y me trajeron a la realidad.
—¿Nunca has soñado despierto? —No pude evitar reír ante su cara de desconcierto.
—Claro que sí, todo el tiempo, ¿Qué soñabas?
—Lo típico, un lugar increíble donde no le debo a nadie ni tengo preocupaciones.
—Mmh…—Respondió aspirando de su cigarro —Todos soñamos con algo así.
—¿Cómo es tu lugar? — Tal vez él sí me comprendía, tal vez esta noche no haya sido solo un impulso y pueda resultar en mucho más.
—Ya sabes…—Dejó salir el humo— Un lugar paradisiaco con un estudio donde pueda hacer mi música, como tú dices, sin preocupaciones.
Mi sonrisa creció un poco más al escuchar sus palabras, tal vez si hay futuro para mí en este departamento, mi corazón se aceleró un poco, es demasiado pronto, pero su perfil iluminado por la luz exterior se veía todavía más hermoso con esa expresión de placer y relajo. ¿Me veré así ante los ojos de alguien?
Así pasaron algunas semanas, tal vez algunos meses, teníamos “citas” cuando coincidían nuestros días libres, solo nos sentábamos a comer y ver películas en la sala. A veces pasaba por mí al trabajo y caminábamos de vuelta tomados de la mano como tontos enamorados, era mucho más de lo que me hubieran ofrecido antes.
Todo iba de maravilla, hasta que comenzó la nieve…




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