Imagina esto:
Estas en medio de una ducha con agua hirviendo, en esa temperatura perfecta que te pela la piel de lo caliente que está. El punto exacto del orgasmo epitelial. Estas aplicándote el champú neutro con olor a bebé, estas haciendo espuma mientras te cae la cascada en la espalda. Absolutamente relajado. Perfectamente en paz… y te llaman por el telefonito endemoniado de la conserjería.
El infierno es un edificio de cinco pisos donde cada piso está habitado por un mundano incapaz de sufrir su condena en paz.
Que si tu limpia pie está “sucio”, que si pisas muy fuerte, que si haces trabajos un domingo o feriado, que si tu tina está filtrando agua. Todo es un puto problema para estos seres inferiores condenados a vivir en comunidad.
Y entre esos esta Peaches, mis demonios y yo. Sobreviviendo un desastre a la vez… o tal vez varios.
Y sí, está jodido que pasen estas cosas, pero una cosa es decir: “Hola, tu tina está filtrando agua y ahora me llueve en el baño de mi apartamento” y otra completamente distinta es llamar a la conserje que se cree Dios para que te pongan una multa por un problema terrenal que se puede solucionar y que ni siquiera es intencionado.
Podría ponerme a gritar como un desquiciado en medio de la noche y entonces entendería que llames al conserje para que me multen, pero adivina qué, YO TAMPOCO QUERÍA QUE MI TINA FILTRARA AGUA.
Ahora imagina esto:
Vienes llegando de una jornada apestosa de trabajo, subes los escalones con el peso del calor santiaguino. Vas piso por piso, ahogándote un poco más con cada paso. Subes y cuando estás a punto de llegar a tu piso, se abre la puerta del apartamento de abajo y la vieja se para ahí para mirarte.
Imagínalo. Tú ahí, reventado, sin ganas de verle la cara a ningún mundano más y de entre todos los presentes en ese edificio del mal, es precisamente la mundana más desagradable la que decide asomarse a mirarte. Solo eso, mirar. Aparentemente no hay nada mejor que hacer en la vida que esperar a que tu vecino llegue para mirarlo con tu cara de estar olfateando pedos perpetua.
¿Raro? Sí, y te creerás que es una jugarreta de una vez, pero no. Salgo a pasear al demonio y ahí está, plantada en la entrada de su cuchitril mirando. Salgo a comprar algo y ahí está su cara de agria.
A estas alturas es un pasatiempo. Y tiene un censor que le avisa que somos los del 505 y no los del 507 porque estoy seguro de que otros ya le habrían tirado un par de palabrotas, pero como debo pagar arriendo… me muerdo la lengua. No puedo causar problemas si quiero conservar el apartamento, algo realmente difícil para mí y no creo que esté recibiendo suficiente crédito por llevar cinco años sin haber iniciado una pelea.
Y pienso, porque sí, pienso. ¿Qué cree que está haciendo? ¿Qué espera que haga? ¡¿QUÉ QUIERE DE MÍ, SEÑORA DEL 405?!
Mi única conclusión en estos años de vida en comunidad es que ella está muy aburrida y frustrada porque no me lo explico. ¿Cómo tanto tiempo libre? ¿Acaso no folla, señora? Y si lo hace, claramente no sabe tener orgasmos porque alguien que folla y se viene no es tan infeliz. También creo que le caga que nosotros, siendo evidentemente mucho más jóvenes, estemos viviendo en el mismo lugar que a ella le costó tanto. Y se preguntarán cómo es que sé esto…
Digamos que alguien usó sus poderes periodísticos y la encontró en Facebook donde se podía ver lo que le costó llegar a donde está. Bien por ella y a mí ¿Qué? ¿Por qué tengo que pagar por sus frustraciones? Como si nosotros no nos hubiéramos esforzado para llegar a este punto.
Mi teoría se sustenta en el hecho que los del 407 (los que viven al lado de ella), se la pasan haciendo fiestas en días de semana, y cuando digo fiestas me refiero a poner música a todo volumen, aah pero ahí no llama a la conserjería… ¿Qué como lo sé? Pues porque de noche puedo escuchar hasta los pedos que se tiran en la torre de al frente, los muros son de papel y el ambiente queda muerto a las 11 cuando mucho.
Y se preguntarán por qué estoy escribiendo todo esto, pues porque espero que me encuentre y lea esto. Espero el día en que mi nombre llegue a sus oídos y me lea. Sí, señora del 405, a ti te hablo. Si tiene tiempo y ganas de stalkearme, stalkeame esta vieja de mierda.



Conecté a un nivel espiritual con este "rant". Vivo en un 4 y la familia disfuncional de abajo obliga a mi casero a infiltrar espías en mi casa llamados "plomeros" cada segunda semana del mes.
Cada que me baño rezo por caer empeloto en el piso de abajo y así rabiando y desnudo darle un susto de muerte a los del piso de abajo.
Cuando pase, espero un reportaje de todo el drama jajaja