Tomen aire.
Tomen tanto aire como puedan. Esta historia debería durar el tiempo que logren retener el aliento, y después un poco más. Así que escuchen tan rápido como les sea posible.
El resplandor azul se proyecta sobre la superficie de concreto, el diseño natural del movimiento del fondo acuático dibuja formas sobre los rostros expectantes. La realidad se viste de gala para observar por esta pequeña apertura hacia la vida de un animal mítico.
Esto no es Trengtreng Vilu, ni KaiKai Vilu.
Aquí no hay Leviatán.
Entre peces binarios que surcan la red, se escabulle el fallo, un animal que desafía la lógica de lo que acostumbras a ver a tu alrededor. Excepto para aquellos que conocen la fosa de la red mundial.
Lucifer camina a paso lento por la acera del centro de Santiago, no tiene miedo, no siente nada. Nada parece capturar su atención. No se apresura, hace años dejó de importarle llegar “a tiempo”. El tiempo es perfecto, llegará cuando llegue.
Abre la puerta del café con parsimonia, su sonrisa sigue sin aparecer, no es que no quiera estar aquí, pero low key preferiría estar en su escritorio. Su acompañante lo espera con esa sonrisa de quien ha encontrado el santo grial del porno gratuito de internet.
Algo dentro de Lucifer se resiente con solo esa mirada.
Toma asiento con una sonrisa mínima, interactúa con el respeto que le debe al mundo por el simple hecho de existir. La conversación es agradable en algún punto. De pronto ríe y bromea un poco, pero no ha bajado la guardia. Nunca baja la guardia.
Entonces, entre palabras, se escurre la realidad.
Just for the Record: Esto va para ti, querido ser binario cis: Cuando no has vivido con la incomodidad de habitar un cuerpo que te devuelve un reflejo que no se condice con la persona que habita dentro de él, el uso de “este” o “ese” pronombre puede parecerte algo insignificante. Es lo más cuerdo. No hay nada de malo en ser una u otra cosa siempre que tú tengas claro quién eres, siempre que tu imagen te sonría acorde a lo que habita tu consciencia. Cuando eso no es así, que confundan tus pronombres es algo, por lo bajo, molesto. No porque no sepas quién eres, sino porque te confirma que el mundo no te está viendo.
El pez nada con entusiasmo en su pequeño ecosistema profundo, ajeno a las miradas atentas que lo siguen con curiosidad. Las ondas se dibujan y desdibujan sobre las pieles que observan el fondo marino. Ojos atentos, manos dispuestas.
La fosa de la red tiene una etiqueta para cada experiencia exótica que desees vivir. Elige tu fantasía, el menú es tan extenso como tu imaginación.
Rule 34.
If you want it, we’ve got it.
Y ahí está Lucifer, cara visible y cuerpo de carne y hueso. La imagen de la red es justo lo que tienes en frente. Experiencia completa. Respiración pausada y el olor fresco del Polo Blue.
De pronto las luces azules se transforman en un rojo intenso y el comensal se dispone a disfrutar de su plato. Ojos atentos, manos dispuestas. El papel doble hoja extra suave sobre el escritorio, el lubricante escurriendo.
El deseo no es más que la necesidad de consumir al otro y ser consumido por el otro. Deal with it.
…Excepto cuando eres el único invitado a esta mesa. Excepto cuando el otro no es más que lo que tú quieres ver en él. Cuerpo ambiguo, rostro dudoso, voz dulce, mirada intensa. Llámalo como más te plazca. Solo estamos hablando de tu fantasía.
El frío del vidrio envía una descarga eléctrica por tus nervios que recorre tu espina dorsal cuando tu lengua húmeda se arrastra por la superficie plana, el contraste del calor de tu interior deseoso se vuelve vaho contra la barrera que te separa de tu presa.
Lucifer te mira a los ojos una última vez y se gira para no volver nunca más.
Ustedes, tomen aire ahora.
Yo todavía no lo hice.



