Lucifer Lee
¿Quién soy?
El sonido agudo de la alarma de Peaches suena una y otra vez. Él la detiene, pero no se levanta. Vuelve a sonar un par de veces más. Al final, me levanto yo primero. Camino al baño para orinar con los ojos casi cerrados y el pelo como nido de pájaro. La alarma vuelve a sonar, a estas alturas ya pienso en ir a tirarle agua para que salga de la cama, pero no lo hago porque lo entiendo, hace frío. En ese momento noto que tengo los boxers empapados. El horror y la sorpresa me atraviesan el cráneo, ¿Me oriné durmiendo? ¿Será que solo beber líquidos fríos ya hizo el efecto que decían?
Me veo al espejo y noto que mi polera gigante llena de hoyos está igual de empapada, el negro se ve oscuro, algo que no corresponde con el trapo viejo que uso de pijama. Entonces recuerdo lo del prospecto de mis remedios: “sudoración excesiva”. Ya está, no me oriné, solo sudé como un animal.
Inevitablemente mis ojos se encuentran con mi rostro en el espejo. La piel sigue exactamente igual que hace veinte años, incluso los pequeños granitos siguen ahí. Lo aborrezco. En una semana cumplo treinta y todavía me veo como un pendejo. Podrás creer que es una bendición, pero todavía no llego a pensar eso, para mí todavía es, en gran medida, una maldición genética.
Me inspecciono el rostro con cuidado, inclinándome sobre el lavabo, me estiro la piel para notar algún punto negro, algún granito que pueda aniquilar. Ya no me importan las posibles cicatrices, solo quiero que esta pubertad perpetua acabe.
Mis ojos escanean la piel analizando cada detalle hasta que vuelvo a encontrarme con mi propia mirada. Entonces surge esa pregunta: ¿Quién es Lucifer Lee? Una pregunta que debería ser fácil de responder para un tipo entrando en los treinta, pero no.
Just for the Record: Cuando tienes Borderline, saber quién eres no es tan fácil. Dicen que es porque nos mimetizamos con la gente. No es mi caso. No me sale eso de mentir si no siento que lo estoy haciendo por algo justo. En fin, igual me cuesta definir mi existencia, siento que las palabras que vienen a mi cabeza no alcanzan para explicarme.
Supongo que ahí va una parte de lo que soy, un border. No creo que mis diagnósticos sean quien soy, pero inevitablemente moldean algunos aspectos de mi vida, fingir que mi existencia no está condicionada por mis etiquetas mentales es no querer ver el elefante en la habitación. Así que no lo son todo, pero son una parte y está bien para mí, la terapia me ha hecho apreciar algunas cosas de todo esto.
¡Ay, las etiquetas! No entiendo a la gente que “no cree” en las etiquetas, para mí son una forma de entenderme. Sin el diagnóstico, seguiría recibiendo un tratamiento inadecuado y seguiría mal, pero no fue así y ahora estoy en remisión. Todo gracias a poder entender lo que pasa en mi cerebro.
Sin haber conocido la etiqueta de persona trans, nunca me habría dado cuenta de que podía cambiar mi cuerpo como yo quisiera para que se alineara con mi mente. Mi gran problema, por muchos años, fue creer que todo lo que sentía era algo “común” y que debía aceptarme tal y como era. Pero abrirme a explorar esas etiquetas fue lo que me llevó a entender mi proceso.
Y al final del día, si en algún momento dejo de identificarme con una etiqueta, simplemente cambio mi forma de pensar y todo lo que involucre esa clasificación. No hay problema en cambiar. Eso de esperar que a cierta edad tengas todo resuelto y que tu existencia no vuelva a cambiar es una real estupidez, pero más estúpido es dejar que ese pensamiento ajeno defina tu vida.
Yo creo que una persona está en constante cambio, avanzas y retrocedes en tus procesos, nada es lineal, nada es eterno, nada es inamovible. Cuando te dicen que a cierta edad “ya no puedes o no debes hacer o decir”, no es una realidad que te pertenezca, eso solo es un reflejo de la pequeñez de quien emite el comentario.
Soy alguien que no tranza su vida con las normas sociales que no le parecen justas y respetables. Alguien que cargaría con el peso de sus decisiones hasta el infierno si con eso logra sentirse libre.
Soy el Diablo. Lucifer Lee, el lucero del amanecer. El primero en elegirse en el caos antes de servir en la paz del cielo.
Soy todo eso.
Soy una rata que camina por los rieles del metro subterráneo de la ciudad, sobreviviendo mientras observa la realidad de los mundanos para diseccionarla en palabras.




Un placer conocerlo.-